-Sobre qué escribo mi primera entrada en el blog? -pregunto a mi hermana. Es jueves por la noche y estoy hablando con ella por chat como siempre, yo en la camita ya, con pijama, y ella en una oficina en Chicago con una taza de café.

-Escribe sobre tu sopa de pollo -dice ella sin tener que pensar-, y si deberías echar tomates o no.

-Pero eso es una tontería. Cuál sería el tema central?

-Central, pues... tomate o no tomate.

Me río. Había hecho una super-sopa porque tengo un enfermo en casa y tengo que hacer el papel de enfermera unos cuantos días. Le había preguntado a mi hermana si debería echar tomates en una sopa de pollo con fideos, y me dijo que no, que lo había probado una vez, y no sabía igual. Y le dije que podrías añadir pollo y fideos a una sopa de tomates y sabría normal; sólo depende de la sopa que pretendas hacer. Al final eché los tomates.

No tenía pensado escribir sobre algo tan banal.

-Pero por lo menos es una historia verdadera -dice mi hermana-. Una historia buena y verdadera es siempre mejor que la ficción, alguíen dijo una vez.

Y le digo que no obstante una historia debería por lo menos ser algo interesante o conmovedor.

-Y a tí no te ha conmovido el rico sabor de tu sopa?

-Bueno, lo que sí es verdadero es que al final no ha salido tan rica como pensaba -le digo, dando un pequeño suspiro.