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La Coctelera

Ser feliz en Madrid

Esta semana nos toca escribir unas sugerencias para la vida en Madrid. La verdad es que Madrid es una ciudad llena de cosas para descubrir, y estos descubrimientos occurren cuando uno menos espera, dando un paseo o saliendo a comer.  Pero también hay que hacer un poco de trabajo para gozar de la vida madrileña; hay que buscar, probar, hablar con gente, y explorar. Esto es mi lista de sugerencias y consejos:

1) Hacer un tour de bici

Aunque Madrid no es demasiado navegable por bicicleta (pero creo que ahora han construido una carril de bici por Serrano hasta la Puerta de Alcalá), puedes hacer distintos tipos de tours de bici por el centro.  El tour histórico, por ejemplo, te lleva a los monumentos y edificios importantes que se encuentra en la ciudad.  También es recomendable alquilar una bici, ir por Retiro, y hacer un descanso al lado del Palacio de Cristal.

2) El Parque del Capricho

Está escondido en el rincón norte de la ciudad, a final de la linea 5.  Durante los veranos, hay conciertos gratis de música jazz, clásica, flamenca, etc. que son muy bonitos junto con el ambiente natural.

3) El Templo de Debod

Me encanta cómo está ubicado este monumento en plena ciudad.  Es el único templo egipcio fuera de Egipto que está al aire libre.

4) Aprovechar el menú del día

Se puede dedicar un blog entero sobre la comida española, y ya he mencionado esto un poco en otras entradas.  La variedad de la comida española, de Galicias a Andalucia, es impresionante, y lo bien que puedes comer durante el día, igualmente impresionante.

5) Los domingos en La Latina

Me acuerdo que el primer mes que estuve en Madrid, me quedaba bocabierta al ver la cantidad de gente por La Latina los domingos, en las terrazas, haciendo botellón, viviendo en la calle.  Aunque esta escena tan llena de gente puede cansar después de unas veces, es una experiencia fundamental en Madrid. Normalmente sigue un paseo por el Rastro.

6) Las exposiciones, conciertos, y cine gratis

Hay muchos blogs sobre Madrid que son dedicados al ocio en Madrid y que siempre ofrecen sugerencias de cosas gratis para hacer los findes.  Hay que aprovechar de las exposiciones ofrecidas por ejemplo por las fundaciones Caja Madrid, Mapfre, la Caixa, etc.

7) La vida nocturna

Yo diría que más que nada hay que aprovechar de esto.  Madrid es la mejor ciudad que conozco para salir de marcha; es la ciudad que nunca duerme (excepto durante la siesta) porque es tan divertida.  Puedes salir cualquier día de la semana y habrá marcha en algun sitio.  Mi barrios preferidos son Chueca y Malasaña.

8) Una excursión a la sierra

Hay que aprovechar también de la belleza y la variedad de la naturaleza en España. Puedes coger un tren de cercanías cualquier finde y ir hacía al norte a las montañas para hacer un poco de trekking. Si vas hasta Cercedilla, puedes coger el ¨Tren de la Naturaleza¨, que va por el bosque escalando una montaña. Además, hay muchos pueblos preciosos para visitar fuera de Madrid.

9) Segovia

Mi ciudad preferida alrededor de Madrid es Segovia, por su acueducto, por el Alcázar, pero sobre todo por ¨Titirimundi¨, el festival anual de títeres. Este año empezará el 12 de mayo, ¡que todos vayan!

¡Solecito!

¡Han empezado las vacaciones! Y con el buen tiempo que hace, es practicamente imposible hacer trabajo este finde, ni quedarme en la casa.  Pero desafortunadamente, ya se ha acabado el momento de salir de cañitas y comer en terrazas. . .tengo que esforzarme a trabajar muchísimo la semana que viene para que pueda disfrutar de mi viaje al sur.  Hemos alquilado un coche para 9 días, y nos vamos el sábado que viene primero a Sevilla, y después vamos a reunirnos con otro amigo en Cádiz, y después posiblemente otro día en Málaga. No he estado en ninguno de los tres sitios; la verdad es que he viajado muy poco por España, quitando Cataluña.  Pero ya tengo muchas ganas de tirarme unos días en la playita y comer la comida del sur y disfrutar del sol. . . ¡Que todos disfruteís de las vacaciones!  Nos vemos en dos semanas.

¡Carpe Diem!

Soy una de esas personas que necesita listas de ¨cosas pendientes para hacer.¨  Por un lado, es porque me cuesta organizar cosas mentalmente y necesito una representación visual que me recuerda o a mi pereza o a mi productividad.   A mí me gusta ver las tareas tachadas (bueno, a quién no le gusta?); también soy una de esas personas que escribe una tarea hecha sólo para poder tacharla.

La gran lista es una digital en Google que crece indefinidamente porque nunca borro las tareas.  Hay cosas que se tachan facilmente, como ¨hacer la compra¨ o ¨llamar a los padres.¨ Hay otras más díficiles como ¨empezar ensayo para narración¨ o ¨empezar ensayo para antropología.¨ Pero bueno, ya que he matizado las tareas con ¨empezar,¨ las considero hechas cuando haya concretado el tema.  Luego escribiría otras tareas: ¨escribir ensayo,¨ o ¨terminar ensayo.¨ Sí, necesito estos recordatorios de los pasos pequeños.  Y después hay tareas que nunca he tachado y que siguien en la lista hasta ahora, como ¨mandar regalos de Navidad.¨ Ya la considero como una causa perdida. . . los llevaré conmigo durante el verano.

Pero también aparecen en la lista tareas de lo que solemos definir como ¨diversión obligatoria:¨ ¨un baño con burbujas,¨ ¨ir a tal exposición,¨ ¨ir a tal restaurante.¨ Aunque pueden engañar, estas, también, son difíciles de cumplir a veces.

Creo que es muy parte de la mentalidad americana la obligación de ser productivo, de hacer más cosas en mínimo tiempo.  Esto es la razon por la que se usa tanto la palabra ¨procrastinate¨ (que no existe en español), porque siempre hay la conciencia de que hay algo que hacer aun cuando no estamos haciendo nada.  Hasta los días de ocio tienen que ser productivos con una diversión repleta. Todo tiene su propósito.

De ahí viene mi impaciencia con el servicio aquí, o cuando veo la misma gente joven en el bar al lado de casa, sentada haciendo nada a cualquier hora del día.  Pero parte de la mentalidad americana también es una flexibilidad a veces pesada; los compromisos muchas veces no se cumplen.  Un compromiso sin cumplir, sea con mi misma o con la gente, para mí es un grave error.  De ahí la lista de tareas que me recuerda que hay que seguir haciendo cosas y cumplir, que hay que aprovechar cada minuto, aun si es para relajar y reflexionar, que hay que actuar y comunicar y pensar y divertirse. También hay que ser perezoso, a veces, pero que las tareas esten tachadas al final.

Ensueños

A veces hay momentos en el día cuando un recuerdo de mi juventud me viene de repente, y me quedo distraída, pensativa, ausente baja una oleada de nostalgia durante unos segundos, antes de seguir con mi rutina.

Cualquier cosa puede provocar estos momentos.  Una cadena larga de pensamientos, una niña en la calle, una hoja caída.

El otro día, por ejemplo, en la casa de una alumna de inglés, me quedé mirando los lomos de unos libros pequeñitos en la estantería. Eran de estilo ¨clásico¨, de color marron con unas marcas doradas, y parecían igual a un libro de colección de sellos que me compró mi padre cuando era pequeña.  Mi abuela coleccionaba sellos; yo también quería ser como ella, y empecé a guardar los pocos sellos que venían con las cartas de amigos.  Quería tanto un albúm para coleccionarlos, el tipo que tiene hileras de papel transparente en cada página.  Después de unos días de rogar y lloriquear a mi padre, finalmente me compró uno pequeñito que era perfecto.

O por ejemplo ayer, cuando estaba mirando un moratón en la rodilla que me había hecho con un banco en el metro, me vino la imagen de mi madre aplicando unguento a mis moratones. Me acordaba de la presión de sus dedos y el olor fuerte a hierba, y me dí cuenta de cuánto le echo de menos.

Cuando veo las gomas de borrar de mis alumnos, me traen recuerdos de nuestra obsesión con las gomas durante los días del colegio.  Mis compañeros y yo comprábamos, intercambiábamos, y jugábamos con las gomas, que venían en todo tipo de formas.  A mi me gustaban las de la tienda de Hello Kitty, que tenían una goma que olía a vanilla por un lado, y que en el otro lado tenían una ruedecita para recoger los residuos de borrar.

Me gustan estas invitaciones a volver al pasado; es un lugar acogedor, familiar, pero distante.

La reunión

¡Mi hermana vuelve a vivir en Filadelfia en abril!  Después de los ocho años que lleva en Chicago, ya es hora de volver a casa, a la ciudad de nuestra juventud, de nuestra familia.

Me acuerdo del verano cuando cumplé 16 años, me dijo mi hermana que se iba a Chicago. Ella entonces tenía 23 años y dejó su trabajo de oficina para mudarse con su pareja a una ciudad mas grande y con más oportunidades para ella.  Yo estaba de mal humor todo el día; no tenía ganas de hacer nada menos estar sola.  Habíamos tenido tantas aventuras como hermanas, y aunque en sus años de universidad no pasabamos tanto tiempo juntas, siempre nos divertíamos.  Me acordaba de los veranos cuando ibamos en bicicleta por nuestro barrio y volvíamos con bolsas llenas de agua y pececitos para nuestro acuario, o cuando jugabamos a ¨Scrabble¨ hasta la madrugada, o cuando nos imaginabamos como los dos protagonistas de la serie ¨Los X-Files.¨

Casi no puedo creer que ya han pasado ocho años.  A lo largo de estos años, aunque hemos estado muy lejos, nuestra relación como hermanas ha crecido, y nos conocemos tan bien como si fuesemos gemelas. Nos reímos de las mismas cosas, tenemos las mismas reacciones, los mismos hábitos, gustos, vicios, razonamientos. Y siempre nos apoyamos. Hablo con ella casi todos los días por internet, le he visitado unas cuantas veces en Chicago, y ella ha venido a Madrid dos veces.  Me encanta que haya alguien en el mundo tan parecida a mí, cuyo vínculo conmigo nunca se puede romper, y quien me siempre comprende y escucha.

Ahora ya quiere irse de Chicago para empezar de nuevo y para encontrar otro trabajo más cerca de mi familia.  Estabamos diciendo que deberíamos hacer las cosas que solíamos hacer cuando nos reunimos este verano en nuestra ciudad natal. . . jugar a los juegos de mesa, escuchar música, ir de compras en el centro, comer.  Dice que va a organizar una fiesta de despedida, y, de broma, que no me ha mandado una invitación.  Le he dicho que está bien, porque vamos a organizar una fiesta aún mejor aquí, de bienvenida.

Rachmaninov y yo

Ayer compré dos entradas para el Auditorio Nacional, para ver la orquesta y un soloista tocar el segundo Concierto de Piano de Rachmaninov, un compositor ruso de la época romántica.  Es una de mis piezas preferidas de la música clásica y siempre quería aprender a tocarla cuando era más joven.  Nunca llegué a hacerlo.

Me acuerdo de esta pieza en el coche de mi padre los sábados, las ventanas cerradas al mundo exterior. . .sólo mi padre, yo, y Rachmaninov.  O en la cocina de mi querida amiga cantante, con la lluvia cayendo afuera, y Rachmaninov como compañero durante una noche tan tempestuosa.  O en el cesped de Mann Music Center, durante una interpretación de la famosa Orquesta de Filadelfia, en una noche templada de verano.  Mientras se hacía de noche, salieron las luciernagas. . .

Cuando vivía en Filadelfia, siempre iba a ver la orquesta con mis amigos músicos, o con mis padres. Me gustan todos tipos de música, pero la música clásica tiene un afecto distinto cuando la escucho. Y no la escucho siempre; el gusto viene en fases.  Me gustan las voces distintas de todos los instrumentos, las maneras en que distintos músicos pueden interpretar una secuencia de notas, los acordes que rompen el corazón.  Y esto es siempre lo que busco en la música, que me afecte de tal manera que por un momento, un segundo, pienso que el mundo puede ser perfecto.  Que hay algo que me supera, escuchando la belleza de sonidos que alguién soñó y compuso.

En los tres años que llevo aquí en Madrid, nunca he ido a ver un concierto clásico.  Cuando ví que iban a tocar ese Concierto de Piano, decidí comprar las entradas sin reflexión. Ahora estoy tan emocionada! Aquí teneis un enlace de los primeros 5 minutos de la pieza, interpretada por Evgeny Kissin, un pianista ruso que siempre he admirado. Es uno de los comienzos más oscuros y apasionados de la música romántica.

http://www.youtube.com/watch?v=4Ud_wGMXRnQ&feature=related

Viernes con John

Cada viernes, almuerzo con mi amigo esocés, John.  Nos conocimos hace tres años aquí en Madrid, en un curso de certificación para la enseñanaza de inglés.  Había más gente en el curso, muchos americanos, que también consideraba como amigos, pero cuando empecé a quedar con John los viernes para tomar café, se convirtió en un rito semanal que aumentó nuestra amistad.

Él acaba de cumplir 54 años, se casó dos veces, y después de estar desilusionado por la vida en Escocia, decidió mudarse a España para empezar una vida nueva.  Es una de las personas más humildes, abiertas, sensibles, y generosas que he conocido nunca en mi vida.  Podemos hablar horas en seguida sin parar, y nos reirnos sobre cualquier tontería.  Me cuenta las continuaciones de las ¨sagas¨ de su vida, las complicaciones con sus amigas, con su piso, con el trabajo.  Y siempre tengo ganas cada semana de oir lo último. A él le puedo contar todo, mis miedos, dudas, angustias, alegrías, porque también es la persona que mejor escucha en el mundo.

Es sorprendente que nuestra diferencia de edad no haya sido un problema para nuestra amistad.  Además, tiene un espiritu muy joven y una energía increible.  Siempre aprendo cosas hablando con él, especialmente el hecho de que hay amigos de cada tipo esperando en cada rincón del mundo.

Me encantan las visitas

¡Vienen dos amigas mías este finde!  Estoy super-emocionada porque son dos amigas que tenía durante mis dos primeros años aquí en Madrid. Verlas me va a traer tantos recuerdos de esos primeros años, cuando todavía estábamos descubriendo y explorando juntas la ciudad que ahora es tan familiar para mí.

Cuando llegué a Madrid hace tres años, encontré un piso cerca del metro Alto de Extremadura, y vivía allí con tres chicas más, una que era Judy.  Judy vino de Taiwan para estudiar; yo daba clases de inglés.   Todos los días, cuando llegaba de mis clases por la mañana, nos poníamos a charlar en la cocina en dos taburetes chiquititos, comiendo huevos o sandwiches y tomándonos café.  Esto era nuestro rito casi diario, y me hizo sentir tán comoda estar en nuestra cocina, en un país extranjero.  Compartíamos nuestras historias, secretos, y problemas;  salíamos entre semana y llegabamos a casa al amanecer; descubríamos restaurantes, museos, y pueblos; cocinábamos y ibamos de compra.  Empezabamos desafíos de ¨NO INGLÉS¨ en la casa para practicar el español pero siempre caíamos en el inglés. Me quedé en Madrid, pero ella se fue a casa. Después de dos años, ella viene a Madrid mañana para empezar un programa de diseño en la universidad.  Espero que podamos revivir el Madrid que conocíamos antes.

Conocí a la otra amiga, Janet, el año pasado cuando trabajaba como auxiliar en un colegio.  Ella vino de Nueva York, después de dejar un trabajo tortuoso en finanzas.  La primera vez que fuimos a comer, nos dimos cuenta de que leíamos los mismos libros cuando eramos pequeñas, y que teníamos padres muy parecidos.  Me acuerdo que ella hizo el comentario que uno se puede descubrir un amigo del alma comparando las ilusiones de la niñez, los libros y fantasías juveniles.  Como yo, a ella le encanta la comida, y siempre descubríamos nuevos sitios para ir.  Me vienen tantos buenos recuerdos... Uno de los sitios a que solíamos ir está justamente en el barrio donde viví el primer año, un sitio gallego que sirve un pulpo muy rico.  Hemos quedado allí esta noche; tengo tantas ganas de ver mi antiguo barrio y a ellas!